Tales from the Loop · Una distopía retrofuturista

HISTORIAS DEL BUCLE

Por Rafa Mérida

Cada vez que iniciamos la aventura de adentrarnos en una serie, comenzamos una especie de proceso de enamoramiento, desde el nombre del show, los actores y actrices, la temática o el trailer, el director y guionistas, y hasta el showrunner o creador, responsable principal de la serie.

Las actuales plataformas nos abren un universo con gran oferta de títulos; resulta muy tentador «cambiar de canal» cuando comenzamos una serie nueva, dejarla y ponernos con otra, algo tan fácil como pulsar un par de botones del mando. Atrás quedan los tiempos en que te interesabas por una serie, te descargabas toda la primera temporada y, con toda la ilusión, te sumergías en los primeros capítulos hasta que quedabas enganchado.

Todo esto nos sirve para advertir de que la serie que nos ocupa no es de las más conocidas, ni tiene actores famosos, ni está basada en ningún best-seller, ni es un spin-off de alguna película de éxito. Es más, siendo como es esta serie, ni siquiera han acertado con el fotograma escogido para representar a la serie dentro del catálogo de Amazon Prime.

Historias del Bucle, Tales from The Loop, no está basado en ninguna historia previa. Está inspirada en los cuadros del sueco Simon Stålenhag, un ilustrador contemporáneo nacido en el icónico año 1984 (36 años debe tener el muchacho). Es la primera serie basada íntegramente en una obra pictórica, algo realmente curioso, pues sus piezas ofrecen un perturbador presente retrofuturista, en el que las ciudades y escenas rurales conviven con robots, naves e ingenios futuristas que se integran con el paisaje como si fuesen un árbol centenario o un macizo de rocas que siempre ha estado ahí.

El Bucle, «The Loop», es una especie de zona cero de lo inexplicable, un lugar donde se supone que se realizan experimentos e investigaciones sobre la materia, el tiempo; en fin, nadie parece saberlo con exactitud. Los personajes desarrollan sus vidas en medio de esta distopía, aceptando con resignación los designios y los sucesos inexplicables que ocurren en el Bucle, con toda la naturalidad. El subsuelo, el lugar donde se concentran los experimentos, es algo comúnmente aceptado. Como proyecto, El Bucle, fue ideado por el profesor Russ, encarnado por Jonathan Pryce, el actor más reconocible de la serie. El Bucle da nombre a toda la zona de influencia, una especie de Hawkins o Chernobyl ambientado en los años 80, en la cual los vecinos conviven cotidianamente con los sucesos más random, simplemente porque El Bucle es así, hay que aceptarlo. Como diríamos: «Es muy jodido, pero mejor eso que morirse».

La obra de Simon Stålenhag se deja notar en la puesta en escena de la serie, en los diferentes objetos, máquinas y edificios que aparecen. Robots-mechs, tractores que levitan en el aire, máquinas del tiempo y universos paralelos, formando postales increíbles en plena América rural de la década de 1980. No es Black Mirror, ni Dark, ni Stranger Things, es otro rollo más cotidiano, sin villanos, batallas ni héroes, pero que tiene algo que te atrapa.

Quizá sea la banda sonora, a cargo de Phillip Glass, compositor de segunda fila con más series que filmes. Si tuviésemos que definir la música de Tales from The Loop con una única palabra, sin duda sería «inquietante»; en muchos momentos, con un simple piano es capaz de transmitirte extrañeza y emotividad a la vez. Te transporta a un mundo de ciencia-ficción sin grandes artificios ni sintetizadores, ni con las famosas fanfarrias y tresillos de John Williams o Hans Zimmer. El álbum completo está disponible en Spotify, merece la pena dedicarle un rato de atención.

Y para terminar, por centrarnos un poco en el formato de la serie, se trata de historias individuales, pero con un hilo conductor de fondo. Cada capítulo es una historia en sí misma, al estilo Black Mirror, pero al mismo tiempo hay una trama que va evolucionando con los personajes principales, dentro de sus sentimientos y emociones, tratando temas como la nostalgia y los grandes interrogantes sobre la vida, el futuro o la trascendencia de las personas en el universo. Unas historias que nos recuerdan que nosotros, a ojos de nuestros hijos y nietos, habremos nacido y vivido en un pasado tecnológico y a veces absurdo, sumergidos en nuestros smartphones 5G y televisores 4K, eligiendo qué serie empezar a ver, y descartándola y condenándola al olvido rápidamente en solo cuestión de minutos.

Recreación de Historias del Bucle en el Soho de Málaga. Foto: Rafa Cabrera. Edición: Rafa Mérida

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