Por orden de los Peaky Blinders

Por Rafa Mérida.

De todas las series sobre mafia, narcos y bandas organizadas que han florecido en los últimos años, Peaky Blinders es una de nuestras favoritas. El estilo, ritmo y puesta en escena destila un inconfundible aroma de serie inglesa de gran calidad, con un vestuario y escenografía muy cuidadas, y con grandes temazos de rock de nuestros días, que combinan a la perfección con las aventuras de esta banda de gitanos ingleses de entre guerras.

Tras cinco temporadas en las que se han ganado al público crimen tras crimen, en junio regresan a nuestras pantallas para el broche final, la despedida, que esperemos que esté a la altura.

La historia nos sitúa en Small Heat, un barrio de Birmingham pobre donde los haya, donde una familia de delincuentes inicia su ascensión a través del mundo del hampa, con los amaños de apuestas, la extorsión, el contrabando, y más tarde hasta el tráfico de armas y heroína. Todos los epígrafes del IAE de delincuencia son minuciosamente trabajados por esta banda, hasta el punto de obtener el reconocimiento del mismísimo Winston Churchill. 

El protagonista, Cillian Murphy, es el típico actor que siempre hace de villano. En esta serie interpreta a Tommy Shelby, el cabecilla de la banda, un hombre que se debate entre sus demonios internos, su afición al alcohol y los brotes de agresividad de los que no se libran ni familiares, ni amigos, ni siquiera él mismo.  Capítulo tras capítulo, este “reconcome” interior va impregnando la serie y va apoderándose del personaje, y aún no sabemos si llegará a consumirlo, pero todos apostamos a que no termina la última temporada entre los vivos.

Junto a él, sus dos hermanos, John y Arthur. Los hooligans de la violencia, las palizas y expertos en desfigurarle la cara a quien les mire mal. Mención especial a Arthur, siempre borracho, y muy recordada la escena en la que prueba por primera vez la coca.

Una de las damas de la serie, Polly Gray, capaz de caminar con un vestido de la High Society inglesa sobre el barro de Small Heat con los pies descalzos. Una pena que Helen McCrory, la actriz que la interpretaba, falleció en 2021. Desde aquí nuestro homenaje a la gran Polly Gray, siempre te recordaremos conduciendo el Bentley entre los caminos de tierra y con el cigarrillo en los labios.

La serie cuenta con secundarios de lujo y apariciones estelares como la de John Hardy, que interpreta al usurero judío Alfie Solomon, Aidan Guillen (Meñique), que intepreta al gitano Aberama Gold, Gina Gray (Gambito de Dama), y en especial a Adrien Brody, cuyo papel como el mafioso italiano Luca Changretta es uno de los mejores giros de guión de la historia; aquí nos quitamos el sombrero por ese gran villano, su puesta en escena y todo lo que aportó a la trama en un momento de monotonía.

Se desconoce si los Peaky Blinders existieron realmente, si bien se sospecha del nombre “peaky” en referencia a las cuchillas que escondían bajo las viseras de sus gorras, llamadas “blinders”.  Una de las cosas más buscadas en Google sobre la serie es si en realidad existieron, y según Wikipedia y algunos historiadores, afirman que sí, incluso hablan de ese estilo elegante que ha caracterizado a los Peaky desde el principio.

Porque este es, sin duda, uno de los detalles más recordados y admirados. Los Peaky Blinders tienen un estilazo vistiendo, peinando, conduciendo, e incluso dando palizas. Esos trajes impolutos, los grandes abrigos y gorras de visera, los zapatos de charol de los años 20, y por supuesto sus cortes de pelo, que han marcado escuela en nuestros días. Las damas, con sus vestidos de alta costura y sus sombreros, siempre femmes fatales a juego con sus acompañantes, fumando un cigarrillo largo y bebiendo whisky escocés. ¿Quién no querría ser un Peaky Blinder y emborracharse en el Garrison?

La banda sonora es una playlist de las que siempre queremos tener. El tema principal de la serie, «Red Right Hand», de Nick Cave, es culpable de que jamás pulsemos «saltar intro». A ritmo de grandes éxitos de rock british de grupos como The White Stripes, PJ Harvey, Arctic Monkeys o Radiohead, nuestros amigos se pasean como auténticos reyes de barrio, en cámara lenta, con sus outfits impecables, mientras de fondo se ve una imagen desenfocada de desguace, de grandes calderas de carbón y chispas volando, hollín e inmundicia de barrio obrero.  Ellos seguirán siendo los putos amos. Ellos seguirán manejando los suburbios, donde la ley ni se atrevería a poner un pie. 

Ellos seguirán proclamando:

¡Por orden de los Peaky Blinders!

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