…y qué prisa tienes?

Fotografía y semblanza de Juan Vacas 
Maestro de fotógrafos

Texto: Mercedes Valverde Candil 

Académica Numeraria de la Real Academia de Córdoba

Fotografías cedidas por José F. Gálvez,

Presidente de la Asociación Fotográfica 

Cordobesa (AFOCO). Archivo personal.

El salario del algodón

Hay figuras que trascienden su propio tiempo y dejan una huella tan profunda en el paisaje cultural de una ciudad que resulta imposible entender ese paisaje sin ellas. Juan Vacas Montoro (Jaén, 1923 – Córdoba, 8 de agosto de 2007) es, sin duda, uno de esos personajes enamorados de Córdoba. Fotógrafo autodidacta, maestro generoso, fundador de instituciones y artista de raza, Vacas se une como nadie a la  nómina de artistas  fotógrafos  en la  segunda  mitad  del siglo XX.

Destinado  a  Córdoba en 1952  por la  Guardia Civil,  Vacas encontró en esta ciudad algo más que un destino profesional: halló una vocación y una patria adoptiva. Aquellas calles de piedras silenciosas y escaleras de cautivos chinos le sedujeron desde el primer momento -según sus propias palabras, quiso llevárselas a casa-, y esa fascinación por la ciudad se convirtió en el motor de su obra durante más de cuatro décadas.

Fue en 1964 cuando realizó sus primeras fotografías con arte de la mano de los  reconocidos  artistas fotógrafos:  José Jiménez Poyato y Francisco Linares, iniciando así un camino que recorrería con la perseverancia y la fe que él mismo se exigía. Desde el autodidactismo más riguroso alcanzó un dominio del laboratorio que pocos han igualado, y ese saber ganado a  pulso fue el  que transmitió,  con toda el alma, a generaciones de jóvenes fotógrafos cordobeses.

La definición que Vacas daba de la fotografía -«un árbol con ramas infinitas»- resume con precisión su manera de entender el arte:  plural, exigente y nunca complaciente con la facilidad.  Prefirió siempre el blanco y negro, ese territorio de luz y sombra en el que desarrolló un lenguaje propio que abarcó el neorrealismo, el documentalismo costumbrista,  el  conceptualismo,  el surrealismo, la abstracción y el gestualismo. El color convencional le interesaba poco; lo que le apasionaba era crear su propio color, generarlo en el  laboratorio mediante la  magia de los virajes,  que en sus manos se convertían en herramientas de expresión y no meros procedimientos técnicos. Para él, técnica e imagen eran inseparables: la técnica era el camino para profundizar en la imagen,  nunca un fin en sí misma.

Especial relevancia tiene en su obra el retrato, al que gustaba llamar «paisajes del alma». Para Vacas, retratar era  penetrar en el interior de la  persona,  acceder a  su verdad más íntima  y sacarla a la  luz.  Los ojos y las manos eran, a su entender,  los dos elementos físicos fundamentales del retrato: los ojos trasladan el alma al exterior y las manos revelan la manera de ser del individuo. Este enfoque humanista y profundo, hizo de sus retratos un reflejo que va más allá de la mera representación.

Jubilado en 1979, Vacas volcó toda su energía en la fotografía.  En 1981 fue uno de los fundadores de la Agrupación  Fotográfica de Córdoba (AFOCO), de la que sería presidente de honor hasta su fallecimiento.  Al  año siguiente, en 1982,  colaboró en la  fundación de la Federación Andaluza de Fotografía, de la que fue secretario y posteriormente presidente, recibiendo su primera insignia de oro. Participó activamente en la organización del Premio Mezquita y la Bienal Internacional de Córdoba en sus primeras ediciones, contribuyendo a situar a Córdoba en el  mapa de la fotografía internacional. Sus enseñanzas a jóvenes fotógrafos cordobeses sería una de sus mayores satisfacciones personales.

El reconocimiento de su trayectoria llegó de manera sostenida y creciente. En 1984 recibió el Trofeo de Oro al mejor fotógrafo andaluz y, en 1990, fue objeto de un homenaje nacional al que acudieron más de trescientos fotógrafos de toda España. En octubre de 2000 el Pleno del Ayuntamiento de Córdoba le otorgó la Medalla al Mérito de la ciudad. El 14. de noviembre de 2002 ingresó en la Real Academia de Córdoba como académico correspondiente, siendo el primer y único fotógrafo en ostentar tal distinción en la historia de esta institución. 

En  2004,  la  Junta  de Andalucía le concedió la Medalla de Andalucía por su contribución a la cultura y al arte de nuestra comunidad autónoma. En  2005 el Ateneo de Córdoba le otorgó la Fiambrera de Plata y, en 2007, a título póstumo, recibió el Premio Juan Bernier a las Artes y el Premio Averroes de Oro.

Su obra traspasó con creces las fronteras de Andalucía. En 1999 la Diputación Provincial de Córdoba publicó «Sueños de un fotógrafo», un monumental volumen de casi quinientas páginas que recoge una amplia selección de sus mejores imágenes y que para  mí fue una sorpresa el  que incluyera  una foto mía, que «me robó» cuando preparaba para esa institución, la gran exposición «Antonio del Castillo y su época» en 1986. 

En junio de 2001 participó en PhotoEspaña, como primer artista cordobés  invitado a  este macrofestival  internacional. El  Diccionario Espasa Calpe de Fotografía publicó su biografía  junto a  la de los grandes fotógrafos  del mundo. Y algunas de sus creaciones más importantes se conservan  en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York -entre ellas una imagen de la Mezquita de Córdoba-, así como en colecciones de Argentina, Chile,  Francia, Finlandia, Grecia, Italia, México, Portugal, Reino Unido, República Dominicana,  Rusia y Uruguay.

1996-Homenaje a Mondrian

Juan Vacas Montoro falleció en Córdoba el 8 de agosto de 2007, tras una larga enfermedad, dejando  una ciudad  que le debía -como él mismo reconocía con orgullo- mucho de lo que fotográficamente era. Una calle de la  ciudad lleva  hoy su nombre. Su legado, sin embargo, es más intangible y más duradero: la semilla de rigor, pasión e inquietud que sembró en generaciones de fotógrafos cordobeses sigue germinando en la obra de quienes tuvieron la fortuna de aprender a su lado. En palabras del crítico Valerio Merino, Vacas interpretaba la fotografía no como algo que está en un lugar esperando  ser capturado, sino como algo premeditado que tienes que ir a buscar. Esa actitud de búsqueda incesante es, quizá, su mayor enseñanza. 

La Real Academia de Córdoba, de la que Vacas fue académico correspondiente, se honra en rendir homenaje a quien elevó la fotografía al rango de arte mayor en nuestra ciudad y la dio a conocer por todos los países del mundo. 

J. Antº Nieto, alcalde de Córdoba inaugura la calle Juan Vacas

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