My voyage to Italy

A Martin Scorsese Film

Texto: Pep Corleone*

My Voyage to Italy es un documental donde el aclamado director Martin Scorsese hace un recorrido por el cine italiano, desde sus orígenes hasta las conexiones directas con el cine contemporáneo. Fotogramas que le fascinarían desde pequeño y que de forma inevitable le influenciarían posteriormente; cuatro horas donde se nos muestra un cine atemporal, un homenaje personal a sus orígenes italianos que comienza con el tristemente olvidado cine mudo, pero que en la Italia de principios del siglo XX no solo tenía una producción muy fructífera, sino que acabaría desembocando en un opulento cine de estudio, algo que por desgracia tras la finalización de la segunda guerra mundial quedaría prácticamente derruido en su totalidad. Cambiándolo todo, a partir de ese momento, en aquel marco histórico lleno de precariedad y cambios, nacería uno de los estilos narrativos cinematográficos más influyentes en las futuras generaciones, el NEORREALISMO.

Reinventado desde sus cenizas, con recursos escasos y sin apenas medios, los jóvenes cineastas se enfrentaron al reto de un nuevo cine, algo que supieron compensar con inteligencia y creatividad. Con un alto contenido social, rozando a veces el documental amateur, es ahí donde comenzó la que sería la época más creativa y brillante del cine italiano, algo que influiría al resto de generaciones posteriores, siendo el momento histórico en el cual Scorsese se centra con más admiración.

Con el paso del tiempo, poco a poco, estos artistas irían madurando, evolucionando hasta llegar a un estilo casi «único», siendo éste diferente en cada uno de ellos y resultando apasionante la visión pionera de estos cineastas, que sigue más vigente que nunca en nuestros días; es en ese punto donde me quiero detener.

     Es muy reveladora la parte del documental donde se explica cómo Antonioni y Fellini estaban obsesionados por plasmar en el celuloide (y de paso en sus mentes) la búsqueda de un sentido a nuestra existencia; aunque sus películas resultan un retrato tosco y demasiado cruel a veces, no deja de ser un reflejo indiscutible de la soledad humana en aquellos tiempos convulsos y cómo todo esto te hace pensar que el mundo y sus aspectos más básicos no han evolucionado. Algo que también me resultó muy curioso fue cómo en esa generación todos coincidían en la búsqueda constante de una musa que inspirara sus obras, quedando clara la incapacidad que tiene el hombre de amar y ser amado y cómo la creatividad puede convertirse en su punto de fuga, tanto de frustraciones como de miedos. Intelectuales y creadores, también ellos son personas que tienen dificultades en las relaciones humanas, pero sobre todo pánico al inexorable paso del tiempo, algo que les lleva a comportarse como un personaje más dentro de sus obras, donde, impasibles, observan a los seres que deambulan por los distintos escenarios, con un paso frágil y a veces torpe, por un mundo que a priori parece ofrecerles todo pero que en el fondo no les aporta nada.

     Y es que, queramos o no la mayoría de nosotros, tenemos esa parte «felliniana» llena de dudas y controversias en las que lo real y lo imaginario se mezclan, donde la búsqueda de nuestros sueños a veces se confunde con la realidad, y la levedad de la existencia como tal nos angustia ya que la muerte cierne su espada sobre nuestras cabezas en constante armonía con la vida. Para compensar de alguna manera todo esto, la quimera constante de algo que nos inspire es algo que nos acompaña toda la vida, un anhelo que una vez conseguido se transforma en cenizas nada más tocarlo y a la postre deja un enorme vacío lleno de decepción. Una vez superada esta etapa, necesitamos otro objetivo inmediato ya sea creativo, monetario, social o sentimental y así hasta el ocaso de nuestros días; una visión algo apocalíptica pero muy realista (nunca mejor dicho) en estos tiempos modernos, en los que los valores y creencias quedan aun más postrados, ante la abundancia de lo material que en el pasado.

     La reflexión final tras todo lo narrado es que, si algo positivo se aprende de este cine, es que debemos ser fuertes en nuestra una veces gloriosa, otras mediocre y la mayoría de las veces miserables vidas, intentar simplificar las cosas por mucho que esto nos cueste, valorar más lo que tenemos y dejar de apenarnos por todo lo perdido o lo nunca alcanzado, ser mundanos en vez de complicados y pensar que la mayoría de las veces menos es más. Por eso, amén para todos aquellos que intentaron e intentan descifrar nuestro comportamiento individual y en sociedad, larga vida al neorrealismo italiano, ese estilo que se atrevió a querer descifrar la mente y sus túneles ocultos, demostrando —a pesar de tu sabiduría— que cuando menos lo esperas el subconsciente te jugará una mala pasada y te cobrará su peaje.

Foto portada: Rafa Cabrera

*Pep Corleone es cinéfilo, amante del cine clásico y crítico de cine en prensa local y blogs de cine.

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