Maquetas al servicio de la Historia: una reconstrucción ideal del Palacio del Emperador Maximiano Hercúleo

José Antonio Ortega Anguiano

LA ARQUEOLOGÍA: COMPLEMENTO DE LA HISTORIA

Sobre la Arqueología 

La Arqueología es un modo de transformar lo impreciso en Ciencia. Eso es exactamente lo que hace cualquier otra de las materias que conforman el conocimiento humano.

En esencia, la Arqueología es un cúmulo de ideas con carácter de disciplina académica cuyo objetivo es estudiar las sociedades o culturas que nos han precedido a partir del análisis de los restos materiales que han dejado. Por lo tanto, como ciencia, pretende aportar nuevos conocimientos a la Prehistoria, la Historia, la Antropología, el Arte, la Técnica, etc., y verificar la validez de lo que ya se conoce sobre estos campos del saber. 

Como la Historia, la Arqueología se divide en tantos periodos temporales como se ha compartimentado esta: Prehistórica, Clásica, Medieval, Postmedieval o Preindustrial, Industrial y Contemporánea.

Normalmente, la excavación de un yacimiento es imprescindible para extraer información sobre el mismo. Una vez obtenida, es necesario hacer una descripción de qué y cómo fue lo desaparecido cuando aún estaba vigente. Por lo tanto, construir una maqueta a escala puede ser una buena manera de dar una respuesta a esas preguntas y dar a conocer a cualquier persona el bien patrimonial de una manera visual.

Sobre el objeto de la investigación

El amplio espacio geográfico que ocupa la región andaluza fue patria de culturas que se aposentaron durante siglos en su suelo como Tartessos, Roma o al-Andalus donde dejaron la impronta indeleble de su magnificencia. 

El artículo que nos ocupa, va a entrar en el ámbito de la Arqueología Clásica para dar a conocer mediante el texto y las fotografías de una maqueta la reconstrucción ideal del palacio que los emperadores del periodo tetrárquico Constancio Cloro y Maximiano Hercúleo levantaron en Córdoba.

Durante el proceso de desmantelamiento de la estación de ferrocarril de esta capital debido a la construcción del AVE, se descubrieron unas estructuras enterradas en una zona conocida como Cercadilla que se estudiaron a partir de 1991. Rafael Hidalgo Prieto, director de la excavación y otros arqueólogos emprendieron esta tarea y se constató muy pronto la importancia capital que tuvo el yacimiento en la época romana.

Cuando aún no se había concluido la investigación arqueológica, las fuerzas autonómicas y de la ciudad decidieron arrasar la zona, con lo que se destruyó más del sesenta por ciento de los restos materiales enterrados. Las razones que se le dieron a la opinión pública fueron que si se hubiese optado por dejar intacto el yacimiento no se hubiese construido la estación del tren de alta velocidad, cuando la realidad tenía que ver más con la venta inminente de los terrenos cedidos por RENFE de manera gratuita al ayuntamiento de la ciudad.

Lo aberrante de la acción fue que lo arrasado fue un edificio con la consideración de único. Efectivamente, el palacio de Cercadilla es una construcción que no tiene parangón con cualquier otra construida nunca por el ser humano debido a dos características:

• En su diseño arquitectónico, se advierten dos espacios diferentes: a la izquierda, el castellum militar de planta cuadrada y, a la derecha, el criptopórtico semicircular, donde estaban los edificios de representación, dispuestos de manera radial. 

• Fue con diferencia el mayor palacio que hubo en el Imperio Romano. Su superficie fue de ocho hectáreas, es decir, que estuvo constituido por un rectángulo de cuatrocientos metros de largo por doscientos metros de ancho, lo que equivale a unos doce campos de fútbol.

Además, la altura que debieron alcanzar algunas edificaciones, en torno a los veintitantos metros en algún caso, hacen de esta construcción un conjunto edilicio poco frecuente en cuanto a lo construido nunca por el ser humano. 

Así, por un puñado de dinero, se cambió un bien patrimonial, que hoy podía estar sirviendo a la cultura y generando ingresos económicos para siempre en el centro de una ciudad importante, por una estación de tren que dentro de unas décadas será, si no lo es ya, una construcción anodina que se podía haber construido cien metros más arriba o más abajo de su ubicación actual.

Vista cenital del gran edificio tardorromano en la que se advierte a la izquierda la zona militar y a la derecha el criptopórtico semicircular, donde nacían los edificios dispuestos de manera radial y las viviendas para el dignatario, situadas algo más apartadas.

EL PALACIO TARDORROMANO DE CERCADILLA

La estructura del palacio

El complejo edilicio fue construido extramuros al oeste de la ciudad de Córdoba, justo donde hoy se encuentran la estación de autobuses y del AVE. Parece probable que la horquilla temporal en la que puede centrarse su edificación abarca desde el año 293 al 305, aunque con casi total acierto se levantó antes del 303. Tuvo una vida útil hasta el siglo V, a partir del cual comenzó un periodo de degradación durante el que los edificios del conjunto se fueron destinando a otros usos o se derruyeron hasta que sobrevino su total arrasamiento en el siglo IX.

Según asegura acertadamente Rafael Hidalgo Prieto, este tipo de construcciones tienen «un diseño arquitectónico caracterizado por la existencia de espacios domésticos que en el caso de Cercadilla se ven en todo momento sustituidos por áreas netamente representativas, marcando la preeminencia de las funciones públicas sobre las residenciales»1. Si además, se tiene en cuenta que también existen zonas claramente militares, se dan las tres condiciones (defensa, representación y residencia) para que lo encontrado en el yacimiento sea un palacio. 

Como se ha dicho, el edificio presenta dos espacios diferenciados tanto en lo estructural como en los usos: la zona este, destinada a albergar a las tropas, y la zona oeste, reservada a representación, administración y vivienda del emperador o su representante.

La axialidad siempre fue una de las grandes obsesiones de la arquitectura romana, por ello no podía faltar este elemento capital en el palacio de Constancio Cloro y Maximiano Hercúleo… Si se traza una línea longitudinal imaginaria en dirección este-oeste que divida el palacio exactamente por su mitad, se obtendrían dos espacios, uno al norte y otro al sur, entre los que habría una correspondencia exacta entre la forma de los edificios de uno y otro lado. Incluso, sus funciones parece que fueron semejantes, hasta el punto de que, si en algunos casos hay disimilitud en la forma, no la hay en los usos a los que fueron destinados, como se verá más adelante en la descripción de cada uno.

El gran espacio destinado a las tropas con sus cuatro lados orientados a los cuatro puntos cardinales: el muro de cerramiento de la puerta principal; el largo edificio sur y el situado al norte, idénticos en su forma, y el imponente bastión torreado. 

El castellum

Según se aprecia en la foto cenital de la maqueta, la mitad oriental, la del esquema cuadrado, está estructurada por un cerramiento externo de entrada que lo delimitaba hacia Oriente; dos cuerpos paralelos que se extienden de este a oeste y se sitúan al norte y al sur del espacio; y hacia el lado occidental, se levantaba un bastión trasversal que cerraba el cuadrado. 

El muro de entrada, de 1,40 metros de ancho, parece que no estaba coronado por ningún tipo de plataforma de vigilancia, puesto que «la fachada en cuestión se concibió a partir de un único muro, a modo de muralla, según un esquema muy habitual especialmente en la arquitectura militar»2 . En el centro, «contaba con un propylon que lo destacaba y realzaba»3, es decir que se dotó de una puerta monumental rematada por una estructura de cuatro columnas que sustentaban sendos dinteles externos y un arco central de medio punto, como hubo en las entradas de otros edificios palatinos de la época como en Rávena, Palmira, Split…

El propileo de entrada.

Los dos edificios de doscientos metros de largo tuvieron dos plantas, bien documentadas arqueológicamente. Posiblemente, estaban destinados al alojo de las tropas acuarteladas, con lo que se calcula que tuvieron una capacidad para acoger a algo más de dos mil hombres en habitaciones en las que pernoctarían en cada una un grupo de ocho soldados, una contubernia, dos de los cuales vigilarían de noche. Normalmente, el vicario de la Bética tenía una escolta de unos seiscientos hombres, pero el emperador viajaba con una legión compuesta por unos dos mil soldados. Esta capacidad de acogida para un número de hombres tan alto pudiera reafirmar también el carácter imperial del edificio, aunque lo más lógico es que lo habitase su representante. 

El largo edificio de alojamiento de las tropas situado al sur.

El imponente bastión occidental estuvo cuajado en su zona alta por ventanas destinadas al posicionamiento estratégico de sus defensores. En el centro se abría otra puerta guarnecida por dos torres semicirculares. Lógicamente, era un baluarte de defensa muy conveniente por la ubicación en el centro del conjunto, por la altura imponente de sus muros y por sus pocos vanos.

Entre estas edificaciones comentadas, se extendía una enorme explanada destinada a permitir la evolución de tal contingente de fuerza. Esta forma de cuadrilátero perfecto era lo habitual en los castella romanos, perfectamente orientados a los cuatro puntos cardinales para permitir una rápida defensa. 

El imponente bastión torreado que separaba la zona militar de la de representación del poder. 

La plaza semicircular

Al otro lado del bastión citado, había una parte que rompía por completo el esquema geométrico cuadrangular de lo ya visto porque esa zona constaba de un gran patio semicircular que estaba provisto de un pórtico de arcos sustentados por columnas. La gran exedra es una de las zonas más llamativas, arquitectónicamente hablando, de todo el conjunto palatino. Ante el entorno, el visitante se sentiría abrumado por la magnificencia arquitectónica y su estructura semicircular que no mostraba ninguna salida al exterior, con lo que el recién llegado con lo que el recién llegado se sentiría empequeñecido ante el dignatario al que iba a ver. 

Pero, esta distribución no se pensó únicamente para producir un efecto sicológico. Desde el punto de vista arquitectónico, ese largo muro curvo era mucho más estable que uno recto, por ello, la sensación de estabilidad del conjunto era evidente. Y efectivamente era así porque en este paramento semirredondo es donde se apoyaban todos los edificios que partían de manera radial desde un punto de fuga ubicado en el centro de la plaza, salvo cuatro.

La gran plaza semicircular, compuesta de arcos y columnas, con los edificios dispuestos de forma radial a partir de un punto central, salvo los dos primeros construidos en el norte y en el sur.

Esta interrelación física de apoyo de unos edificios en otros se extiende a todo el palacio, por lo que puede decirse sin temor a equivocarse que absolutamente todas sus partes se sustentan en en alguna estructura adyacente, produciéndose una situación de estabilidad muy conveniente para potenciar las alturas y magnitudes edilicias considerables que caracterizan al conjunto áulico.

La inserción de unos edificios en otros para conseguir una mayor estabilidad es evidente. Con frecuencia, comparten entre sí pequeñas porciones de muros y luego retoman su autonomía arquitectónica con tal maestría que en los espacios interiores de los mismos no se advierte esta breve injerencia.

La zona donde se construyó el palacio fue en la llanura que precede al glacis de Sierra Morena. Es decir, que geológicamente hablando el suelo está conformado por un terreno de aluvión, por lo que no debía ser muy propicio para implantar edificios de esa magnitud. Por ello, se erigió a partir de cimientos excavados en la tierra que se rellenaron de cemento y luego se levantaron muros a partir de ellos hasta una altura determinada. Una vez iniciada la construcción de todas las dependencias, se niveló todo el espacio añadiendo tierra hasta llegar a una altura concreta, con lo que se formó una llanura donde antes había un relieve irregular salpicado de arroyos o montículos. Por ello, hay cimientos que alcanzan un metro bajo tierra y otros que llegan hasta cinco metros de profundidad.

La entrada al recinto a través de la puerta abierta en el bastón torreado.

Lo primero que se construyó de todo el conjunto fue el criptopórtico, el semisótano semicircular que dio origen al muro curvo en el que se apoyan todas las dependencias radiales del conjunto. Cuando se enrasó con tierra el terreno, solo quedaron al descubierto las ventanas. Entonces, sobre la bóveda semienterrada se superpuso un pórtico que recorrió todo el perímetro del gran patio cuya techumbre se sustentó con noventa y ocho columnas que se enlazaron mediante arcos.

El muro curvo solo mostró los vanos que daban acceso a los edificios que se apoyaron en el mismo: las tricoras, las aulas menores, el comedor de verano y el de invierno, la basílica absidada, el aula central, las termas y los corredores de acceso a las zonas privadas.

El pórtico recorre todo el perímetro de la exedra. Bajo este, asoman las ventanas del criptopórtico elevándose apenas del suelo. 

Los edificios radiales

Ambos extremos del semicírculo estuvieron ocupados por sendas tricoras, ubicadas al norte y al sur, que se caracterizaron por ser edificios dotados de tres ábsides en la cabecera destinados a labores de administración o representación. Estas de Cercadilla tuvieron hasta seis ábsides cada una y sus plantas se dispusieron, una respecto de la otra, en “efecto espejo”. Por otra parte, sus fachadas sustentan una porción del pórtico que cerca la plaza semicircular.

La tricora norte en la que destacan sus numerosos ábsides. 

El edificio situado a continuación es una basílica absidada, una larga estancia que acababa en un único ábside. Es posible que corresponda a un ninfeo, un lugar de representación en el que debía haber una gran estatua y una fuente en el fondo y elementos bellos por doquier que pudieran ser más esculturas o bien un jardín interior en el que el agua tuviese un gran protagonismo.

El aula menor norte es otro edificio cuya correspondencia en cuanto a forma y uso administrativo es evidente con respecto a su gemelo situado al sur.

La larga basílica absidada y el aula menor norte, cuyos ejes las dirigen hacia dos puntos muy distintos, pero próximos, ubicados en el centro de la plaza. Esta anomalía la comparten tan solo las dos tricoras y los dos edificios largos que están junto a ellas. El porqué del motivo solo lo sabrá el arquitecto que diseñó aquella joya edilicia. 

La característica principal del edificio de planta semicircular es la multiplicidad de columnas que sostienen un pórtico que presenta esta disposición geométrica. Parece que debió ser un cenáculo de verano, dada su apertura casi total al aire libre, pero cerrado a un pequeño jardín interior. 

El comedor para cenar al aire libre en las calurosas noches de verano. 

A continuación, un largo y ancho corredor da paso a una de las dos posibles zonas residenciales del dignatario que debió habitar el palacio. La estructura de ésta no se conoce apenas debido al arrasamiento efectuado en 1992 cuando se construyó la estación del AVE.

El largo pasillo de acceso a un edificio que no pudo excavarse y por ello se lo ha representado en construcción. 

Por ello, ante la imposibilidad de reproducir lo que no se conoce, se optó por representar un edificio en obras que muestra de una manera didáctica los modos romanos de construcción. Así, aparecen andamios, grúas de diversos tipos y objetos como el coróbate, la groma, etc., además de exponer la forma de hacer el cemento romano, así como los elementos con los que se construyó el opus vittatum mixtum, una técnica edilicia de la que se hablará más adelante.

Muros de opus vittatum mixtum, grúas de diversas formas y potencias, andamios y caos de elementos constructivos aparecen por doquier. 
En esta zona hay también un inicio de construcción de una dependencia perteneciente a otras posibles termas cuya obra se abandonó enseguida. Mediante esta imagen, se muestra cómo se construyeron todos los edificios. Primero, se abrieron unos cimientos, luego se rellenaron las zanjas con cemento para luego levantar los muros. La cal, la cerámica machacada y la arena, los tres componentes para fabricar el cemento romano, están amontonados ante la piscina. 

Las termas tienen hasta once estancias diferentes cuyas techumbres debieron estar a distintas alturas. Es el único edificio del conjunto construido a escala humana y no para gigantes. 

Las termas. 
El enorme porte del aula central, donde el emperador debía recibir a los visitantes para tratar asuntos de máxima importancia. 

El aula central es el edificio más importante porque estaba construido para exhibir la grandeza del gobernante. Por ello, se le situó justo en el centro del conjunto de edificios radiales y se le dio mucha mayor altura que al resto. Las dimensiones son muy generosas: 48,5 metros de longitud y 22,5 metros de anchura. Los flancos norte y sur estuvieron guarnecidos por contrafuertes de 0,70 metros de anchura y 2,40 metros de separación entre ellos, que en altura se desarrollaron como arquerías ciegas. Como modelo para conocer este edificio, ha servido el que aún subsiste en la ciudad de Tréveris, Alemania, como templo cristiano. Parece que el de Córdoba fue el primero construido con la misma técnica edilicia de doble línea de ventanas situadas a dos alturas y encastradas entre contrafuertes. 

De nuevo, al sur del aula central, se levantó un largo corredor que llevaba a unas estructuras destinadas a habitaciones privadas. Curiosamente, en el subsuelo de estas habitaciones existen una serie de corredores a modo de sótanos que no debieron tener este uso convencional, sino que fueron construidos para quitar humedad al conjunto, dado que se excavó al sur de éstos una larga conducción que desalojaba el agua que debía fluir desde aquí. Es decir, que bajo la vivienda pasaba un pequeño arroyo estacionario. El problema de estabilidad debido ello obligó a que en la cara sur se realizasen unas estructuras soterradas de gran tamaño para que contuvieran los empujes.

La extraña estructura gris que asoma en la superficie del terreno son unos muros de cemento de hasta cinco metros de profundidad que se construyeron para contener un terreno muy inestable debido al agua de escorrentía.
Las dependencias privadas con su profusión de edificios comunicados con el criptopórtico mediante un largo corredor ya repetido más al norte en el edificio en construcción. 

Como se ha dicho, los dos comedores que hubo fueron muy distintos en sus estructuras edilicias y en su superficie construida, pero la correspondencia del meridional con el ubicado al norte es indudable. Posiblemente, en este del sur se situaron las cocinas. Todo el conjunto de habitaciones tuvo una sinfonía de ábsides que jalonaron todo lo construido, en cuyo centro hubo un pequeño peristilo que sirvió de distribuidor a todas las dependencias de esta zona. 

Las complejas estructuras construidas en torno a un recóndito patio para conformar el comedor de invierno y tal vez la cocina del palacio. Obsérvese de nuevo cómo unos edificios se solapan con otros para conseguir una mayor estabilidad y ahorrar materiales de construcción.

El aula menor sur repitió, con respecto a la del norte, forma y espacio en la mitad meridional.

La zona del aula menor sur y el edificio largo cuya función es desconocida al estar incompleta su estructura. 

A su lado hubo un edificio provisto de un largo corredor que es poco conocido porque fue arrasado cuando estaba en fase de excavación, por lo que apenas si se conoce una habitación de paso hacia otras dependencias de uso y tamaño desconocido.

Completando el recorrido semicircular, se llegaba a la tricora sur, de la que ya se ha comentado sus características al hablar de su gemela septentrional. 

La tricora sur vista desde el interior del criptopórtico. 

Consideraciones generales

Las construcciones son muy largas con respecto a su anchura y están provistas de multitud de ábsides. Tal vez sea esta profusión una de las características principales del conjunto de lo construido, dado que así, lo monumental de los edificios, y hasta su estabilidad, se afianzaba al dotarlos de estos elementos constructivos semicirculares.

Los edificios se realizaron sin demasiado adorno, como es habitual en los ejemplos de la arquitectura tetrárquica que se conservan aún hoy. Esto se explica si se tiene en cuenta que la idea de los constructores del palacio imperial no fue incidir en el ornamento minucioso, que no iba a ser apreciado por el ojo humano debido a la altura, sino en conseguir lo espléndido basándose en lo grandioso.

Las techumbres fueron todas a dos aguas, salvo alguna que parece que pudiera ser de forma circular, pero, no es lógico que hubiese cúpulas debido a lo complejo que resultaba su construcción. 

La técnica de edificación empleada fue el opus vittatum mixtum. Las características de este consisten en disponer unas tres hiladas de sillares que se enrasan con dos de ladrillo. Al igualar con estas hileras planas el paramento adquiría una gran estabilidad, con lo que podía ganarse altura. 

Las enormes dimensiones de los muros se elevaron colocando dos paredes paralelas con una separación intermedia que era rellenada con cemento. Como se ha dicho, esta combinación de sistemas de obra nunca se había utilizado en Córdoba. De hecho, jamás volvió a utilizarse por lo costoso que resultaba la aplicación del cemento, lo que indica que quien planificó el palacio dispuso de unos medios económicos completamente inusuales debido a los elevados costes edilicios.

Hay que pensar que la combinación de materiales necesarios para construir con opus vittatum mixtum promueve que el dovelado de las arquerías también fuese realizado alternando piedra de calcarenita y ladrillos. Un edificio de esta envergadura arquitectónica debió promover un nuevo modo de construir en la zona que siguió vigente a lo largo del tiempo.

La edificación del inmueble inacabado deja ver la forma en que fueron construidos todos los que conformaron el conjunto palatino. 

¿Una teoría descabellada?

Siglos después, cuando fue necesario construir la gran mezquita tras la ocupación musulmana, el palacio de representación y poder político del vencido cristiano pudo ser usado como material de acarreo sin el menor escrúpulo. 

Por otra parte, los constructores de la mezquita fueron los mismo habitantes de la zona que solo sabían construir de la manera que lo habían hecho las generaciones precedentes, las que un día fueron cristianas, pero que ahora se había convertido al Islam. Por ello, cuando levantaron los arcos de ese edificio los hicieron como sabían. Ambas cosas llevan a la conclusión de que el modo constructivo de los arcos de la Mezquita sea idéntico al del palacio tardorromano. 

Además, los datos aportados por la excavación indican que la separación entre las columnas del criptopórtico y las de la Mezquita es idéntica.

Así mismo, el número de capiteles romanos y sus columnas correspondientes que sirvieron para sostener las techumbres de la primera mezquita, la de Abd-al-Rahman I, coinciden en cuanto al número de este elemento constructivo habido en Cercadilla entre todos sus edificios: unas ciento sesenta.

Por otra parte, en la mezquita de Córdoba sólo hay capiteles y columnas de origen romano en la parte de Abd-al-Rahman I. En el resto de las tres ampliaciones posteriores se dispusieron los que se habían confeccionado exprofeso para esos añadidos, lo que indica que hubo un momento en el que hubo una profusión de material original romano que se acabó, con lo que no se puso realizar el resto. Entonces, ¿el primero se acarreó desde Cercadilla?

Todo ello, puede indicar que hubo una destrucción preconcebida del palacio romano, que pasó a tener un uso cristiano posterior, a fin de construir algo eminentemente musulmán. Sin embargo, mientras se rezaba a Dios en un idioma traído de lejos, el gigantesco interior acogía a sus creyentes bajo un techo sostenido por basas, columnas, capiteles romanos y arcos visigodos… O sea, elementos de la arquitectura de otras confesiones que acabó dando origen al arte islámico. 

La maqueta

La maqueta es propiedad del Museo Diocesano del Obispado de Córdoba, donde se exhibe la obra actualmente. Su realización corrió a cargo de:

Rafael Hidalgo Prieto llevó la dirección de la parte documental de la obra durante dos años de manera completamente desinteresada. Fue él quien aportó los planos de planta de la excavación. Con ello, se reprodujeron tal cual fueron las dimensiones del ancho y del largo de los edificios. Solo se elucubró con la tercera dimensión: el alto. Por lo tanto, al menos en un 66,66 por ciento, el palacio tardorromano de Constancio Cloro y Maximiano Hercúleo es exacto al original.

Los planos del alzado de los edificios, corrió a cargo de quien suscribe, tras consensuar con el Sr. Hidalgo el posible aspecto que tendrían.

Isabel María Sastre Pascual, Laura Cañadillas Román y Félix Nevado Llamas fueron los artesanos que trabajaron bajo mi dirección.

Los materiales empleados fueron: planchas de madera de aglomerado y okume, molduras de madera, plástico de poliestireno para reproducir los edificios y estructuras varias, césped y vegetación artificial, algunos elementos comerciales dedicados a modelismo, arcilla, arena, cola blanca, cianocrilato, pinturas acrílicas varias, óleo y cristal para la urna de protección.

  • La escala fue de 1:130. 
  • El módulo tuvo unas dimensiones de 354 x 172 centímetros.

Además, se contó con el asesoramiento directo de los Doctores en Arqueología Camino Fuertes Santos, directora del citado yacimiento y Ángel Ventura Villanueva, profesor de arqueología, por lo cual se contó con la mejor información posible.

Notas

1_Hidalgo Prieto, Rafael: Espacio público y privado en el conjunto palatino de Cercadilla (Córdoba): El aula central y las termas, Pág. 4; Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía; Sevilla, 1996

2_Hidalgo Prieto, Rafael: «La puerta del Palatium de Córdoba», Romula nº 6, Págs. 151; Área de Arqueología de la Universidad Pablo de Olavide; Sevilla, 2007

3_Hidalgo Prieto (2007): Opus Cit. Págs. 152

Textos, fotografías y retoque de las imágenes del autor.

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