Josef Sudek, el caminante de Praga

Na Slupi será siempre mi vida, mi agujero en el mundo, mi punto de fuga, el rincón ideal para escuchar esa lluvia prestada tras las grandes nevadas, cuando la nieve de los tejados se derrite y cae ya en forma de agua, repiqueteando acompasadamente sobre el alféizar de la ventana, sobre los canalones, sobre el tejadillo de la puerta de entrada… Cuando la nieve decide prestarle algo de protagonismo a la lluvia tras haber triunfado, esplendorosamente, sobre el paisaje y la luz acompaña cada uno de estos procesos y les confiere la tonalidad necesaria para que todo ocurra de esta manera, de la manera que el clima de Praga quiere y necesita.

Nadie mejor que Josef Sudek, «el caminante de Praga*», ha custodiado esta luz, guardaba para sí mismo en sus fotografías, como si el papel fotográfico fuera una antigua cajita de madera donde depositar sus recuerdos más preciados. De Sudek, el fotógrafo que mejor ha retratado el frío y la luz invernal de Praga, me gustan especialmente las fotografías de las ventanas mojadas por el rocío y la lluvia tomadas desde el interior de su estudio, a través de las que se perfila una imagen exterior difusa y evanescente. La silueta de un árbol, la nieve, la verja de madera del jardín… Todos aquellos elementos no conformaban el mundo exterior y real, sino que reproducían el paisaje interior del caminante de Praga. Había comenzado la Segunda Guerra Mundial y el caminante ya no podía realizar sus paseos en busca del alma de la ciudad. Pero quien alberga la belleza en su interior sabe captarla en cualquier lugar. Y sabe vaciarse y llenarse sin necesidad de los demás. 

 Algunos de mis paseos preferidos me llevan a ascender por Malá Strana, hasta la calle Úvoz, hasta la casa donde Sudek vivió sus últimos años, reconvertida actualmente en una galería de arte donde a veces se exponen sus fotos, sobre todo en los meses de verano. «Qué injusto», pienso siempre que llego hasta allí y no es precisamente verano, sintiendo muy cerca de mí, en algún almacén cercano de la galería, con el frío y la luz en su ausencia —que es la noche—, sus fotografías, custodiadas eternamente por el papel fotográfico.

*Fragmento de la novela La luz en su ausencia 
(Carpe Noctem, Madrid, 2020).

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