Texto y Fotos: María Tudela
En este proyecto intento plasmar las sensaciones por las que atraviesa una persona con depresión. Presento a través del lenguaje corporal y retratos a una protagonista en actitud destruida, reducida a su hogar como refugio, con la voluntad anulada, sin interés absolutamente por ninguna actividad cotidiana, mucho menos por su apariencia física, que en su mayoría da la espalda a la cámara, o bien oculta su rostro para simbolizar la lucha desesperada contra el abismo al que le conduce la enfermedad.
El objetivo es dar visibilidad a la enfermedad mental. Hablar de ella a través de imágenes, sensibilizar normalizando los procesos mentales. Una enfermedad que a pesar de los adelantos conseguidos sigue estando demasiado sujeta a estigmas y miedos. La enfermedad mental suele aislar porque es difícil de explicar con palabras. En cambio, una imagen logra conectar de forma inmediata con el espectador.
La fotografía nos permite desmitificar el diagnóstico y presentar primero a la persona antes que al paciente. La cámara funciona como el canal que traduce el dolor invisible e intangible en una metáfora visual.
Yo soy muy afortunada, pero tengo familiares muy muy cercanos que sufren de ese infierno, les llega sin avisar, lo superan tras mucho esfuerzo y, viven en una continua lucha por no volver a caer. Como leí en algún sitio: «No están muertos, pero tampoco están vivos». Ellos sí que son los verdaderos héroes.
En este proyecto intento plasmar las sensaciones por las que atraviesa una persona con depresión. Presento a través del lenguaje corporal y retratos a una protagonista en actitud destruida, reducida a su hogar como refugio, con la voluntad anulada, sin interés absolutamente por ninguna actividad cotidiana, mucho menos por su apariencia física, que en su mayoría da la espalda a la cámara, o bien oculta su rostro para simbolizar la lucha desesperada contra el abismo al que le conduce la enfermedad.
El objetivo es dar visibilidad a la enfermedad mental. Hablar de ella a través de imágenes, sensibilizar normalizando los procesos mentales. Una enfermedad que a pesar de los adelantos conseguidos sigue estando demasiado sujeta a estigmas y miedos. La enfermedad mental suele aislar porque es difícil de explicar con palabras. En cambio, una imagen logra conectar de forma inmediata con el espectador.
La fotografía nos permite desmitificar el diagnóstico y presentar primero a la persona antes que al paciente. La cámara funciona como el canal que traduce el dolor invisible e intangible en una metáfora visual.
Yo soy muy afortunada, pero tengo familiares muy muy cercanos que sufren de ese infierno, les llega sin avisar, lo superan tras mucho esfuerzo y, viven en una continua lucha por no volver a caer. Como leí en algún sitio: «No están muertos, pero tampoco están vivos». Ellos sí que son los verdaderos héroes.









