Una particular visión de Paco Aguilar (Texto & Fotos)
Soy de los que piensa que hay una fotografía en cada pequeña cosa o en cada situación que ocurre ante nuestros ojos. Con esa premisa, salir a la calle con una cámara en la mano es para mi un disfrute, pero si además te encuentras en un lugar tan especial como Japón esa sensación es aún más intensa.
Este pasado invierno, gracias a la fotografía y por motivos tampoco es cuestión de contar aquí, se me presentó la oportunidad de viajar al país del sol naciente, y ocasiones como esas no se deben desaprovechar.






Japón me sorprendió por muchas cosas, pero una de la que más me impactó fue la forma de ver la vida, tan distinta a la nuestra, que se intuye en sus gentes: el orden, el silencio, la pulcritud, la distancia social que se aprecia incluso en el metro abarrotado de gente cuando ni siquiera existe distancia física, etc.
Se podría decir que la de los japoneses está casi en las antípodas de nuestra idiosincrasia andaluza, tan “jaleosa” por naturaleza, sin que esto último deba entenderse como una pretendida superioridad de lo nuestro, puesto que se aprecian también en esa contención de los japoneses algunas cosas que, yo al menos, miro con cierta envidia.




Durante el viaje me dediqué a lo que he dicho al principio que más me gusta, que no es otra cosa que documentar con mi cámara situaciones o momentos, muchas veces aparentemente banales, que de alguna forma llamaron mi atención. No fue mi intención, al menos de forma consciente, tratar de retratar la esencia de una sociedad como la japonesa, eso sería algo que requeriría bastante más de los 15 días que duró el viaje.
Fue ya estando de vuelta en casa, enfrascado en la siempre difícil tarea de revisar las fotos que había hecho durante el viaje, cuando me di cuenta de que tenía una serie de imágenes que de alguna forma son una pequeña muestra de esa particular visión de la vida que yo percibí en unos días de invierno en Japón.


